VIACRUCIS SAN PEDRO DE ALCÁNTARA.

Marzo-ABRIL 2017

Monición introductoria

La oración del vía crucis pertenece a la tradición de la Iglesia desde hace muchos siglos. A partir del siglo XIII fueron sobre todos los franciscanos quienes propagaron esta oración en todo el mundo. Así que podemos decir que el via crucis, además de una oración cristiana, es especialmente una oración franciscana.

Nos acompañarán en este camino algunas meditaciones tomadas del Tratado de la oración de san Pedro de Alcántara, un franciscano del siglo XVI, que inspiró la forma de vida de los frailes que fundaron este convento de Santa Ana del Monte. San Pedro era un enamorado de la cruz de Cristo y sobre todo un enamorado del Cristo crucificado por amor nuestro.

Lo que es importante cuando rezamos el via crucis es contemplar, además del dolor que Cristo ha padecido por nosotros, el amor con el que nos ha amado. La Pasión de Jesús es sobre todo una pasión de amor, una escuela para aprender a amar en nuestra vida cotidiana, ahí donde Él nos llama a vivir, a las personas que pone en nuestro camino para compartir nuestro día a día. Jesús ha vivido todo lo que ahora contemplaremos para no dejarnos solos en cualquier dolor o sufrimiento que nos pueda pasar en la vida. No hay dolor humano que Él no habita, que Él no se carga a los hombros.

Por eso San Pedro de Alcántara nos recuerda que, en la pasión de Cristo se han de meditar, «la grandeza de sus dolores, para compadecernos de ellos; la gravedad de nuestro pecado, que fue la causa, para aborrecerlo; la grandeza del beneficio, para agradecerlo; la excelencia de la divina bondad y caridad, para amarla; la conveniencia del misterio, para maravillarse de él; y la muchedumbre de las virtudes de Cristo que aquí resplandecen, para imitarlas».

Con este espíritu dispongámonos a acompañar a Jesús en el camino que le lleva a la cruz, siguiéndolo paso a paso los últimos momentos de su vida.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

CANTO: Ved la cruz de salvación / donde Dios nos dio la vida / Precio de la redención / de la humanidad caída.

Cruz de Cristo vencedor / te adoramos, sálvanos.

 

PRIMERA ESTACIÓN: La oración de Jesús en el huerto de los olivos

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Considera cómo se fue el Señor al huerto de los olivos a hacer oración antes de entrar en la batalla de su pasión, para enseñarnos cómo, en todos los trabajos y tentaciones de esta vida, hemos de recurrir siempre a la oración como a una sagrada áncora, por cuya virtud o nos será quitada la carga de la tribulación, o se nos darán fuerzas para llevarla, que es otra gracia mayor. Contempla al Señor en este paso tan doloroso, y mira cómo representándosele todos los tormentos que había de padecer, y poniéndosele delante todos los pecados del mundo por los cuales padecía, se vio su alma tan angustiada.

Oración. Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se hiciese hombre y muriese en la cruz, ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras, en nombre de tu Hijo predilecto. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús es traicionado por Judas y arrestado

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Mira cómo, acabada la oración, llegó Judas, aquel falso amigo, habiendo renunciado ya al oficio de apóstol y hecho adalid y capitán del ejército de Satanás. Mira cómo se adelantó y, llegando al buen Maestro, lo vendió con un beso de falsa paz. Este es un misterio de grande admiración. ¿Hay algo, acaso, que pueda causar mayor espanto que ver al Hijo de Dios tomar imagen, no sólo de pecador, sino también de condenado? Piensa hasta dónde se abajó el altísimo Dios por ti, pues llegó hasta el extremo de todos los males, que es ser entregado en poder de los demonios. Y porque ésta era la pena que merecían tus pecados, él quiso cargarla sobre sí para que tú quedases libre de ella.

Oración. Señor, Dios todopoderoso, al contemplar la pasión de tu Hijo, recordamos los beneficios de su amor para con nosotros; concédenos recibir de esta fuente divina una inagotable abundancia de gracia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

TERCERA ESTACIÓN: Pedro niega a Jesús

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Los sufrimientos de aquella noche dolorosa crecieron sobre todo con la negación de san Pedro: el amigo tan familiar, escogido para ver la gloria de la transfiguración, honrado por encima de todos como el príncipe de la Iglesia, es el primero de todos que, no una sino tres veces, en presencia del mismo Señor, jura y perjura que no le conoce, ni sabe quién es. ¡Oh Pedro, ¿tan mal hombre es ése que ahí está, que consideras una vergüenza hasta el haberlo conocido? Se volvió entonces el Señor, y se le fueron los ojos tras aquella oveja que se le había perdido. Bien entendió Pedro el lenguaje y las voces de aquella mirada. Y no solamente hablan, sino también obran los ojos de Cristo, y las lágrimas de Pedro lo declaran, las cuales no manaron tanto de los ojos de Pedro, cuanto de los de Cristo.

Oración. Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y levanta nuestra débil esperanza con la fuerza de la Pasión de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

CUARTA ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Oh, buen Jesús, ¡qué maitines estos tan diferentes de los que en aquella hora te cantarían los coros de los ángeles en el cielo! Allí dicen: «Santo, santo»; aquí dicen: «¡Muera!, ¡muera!, ¡crucifícalo!, ¡crucifícalo!» Ángeles del paraíso, que unas y otras voces oíais. ¿Qué sentíais viendo que Dios padecía tales cosas por los mismos que las hacían? ¿Quién oyó jamás hablar de semejante caridad, que padezca uno muerte por librar de la muerte al mismo que se la da?

Oración. Mira, Padre de bondad a tu familia santa, por la cual Jesucristo, nuestro Señor, aceptó el tormento de la cruz, entregándose a sus propios enemigos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Canto: Pueblo mío, ¿qué te hecho, en qué te he ofendido?, respóndeme (bis).

 

QUINTA ESTACIÓN: Jesús carga con la cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Ya estaba a las puertas preparada la cruz. Dada, pues, y promulgada la sentencia cruel, añaden los enemigos una crueldad a otra, que fue cargar sobre aquellas espaldas, tan molidas y despedazadas con los azotes pasados, el madero de la cruz. No rehusó, con todo esto, el piadoso Señor esta carga, en la cual iban todos nuestros pecados, sino que, al contrario, la abrazó con suma caridad y obediencia por nuestro amor.

Oración. Señor Jesucristo, que fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

SEXTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su madre

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Camina la Virgen en busca del Hijo, dándole el deseo de verlo las fuerzas que el dolor le quitaba. Oye desde lejos el ruido de las armas y el tropel de la gente. Encuentra en el camino el rastro de la sangre, que bastaba ya para mostrarle los pasos del Hijo y guiarla sin otra guía. Se acerca más y más a su amado Hijo y alarga la vista, oscurecida con el dolor y sombra de la muerte, para ver, si pudiese, al que tanto amaba su alma. Llegada ya donde le podía ver, se miran y atraviesan sus corazones con los ojos, y con su vista hieren sus almas lastimadas.

Oración. Señor, Padre santo, que has establecido la salvación de los hombres en el misterio pascual, concédenos ser contados entre los hijos de adopción que Jesucristo, tu Hijo, al morir en la cruz encomendó a su Madre, la Virgen María. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

SEPTIMA ESTACIÓN: Simón de Cirene lleva la cruz de Jesús

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Considera cuántos y cuán grandes han sido los bienes que nos dio el Señor con la redención, y los males que padeció en su cuerpo y en su alma para ganarnos estos bienes, y da gracias a Dios porque nos redimió con tantos trabajos. Y di con el profeta David: «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?» Para esto debes ofrecerte a ti mismo por perpetuo siervo suyo, entregándote y poniéndote en sus manos, para que haga todo lo que quisiere en el tiempo y en la eternidad.

Oración. Oh Dios, cuyo Hijo murió y resucitó por nosotros para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia, ayuda con tu gracia a tus fieles que recuerdan devotamente los misterios de su pasión, para que los que siguen a Cristo, llevando con paciencia su cruz, rebosen de gozo cuando se manifieste su gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

OCTAVA ESTACIÓN: Jesús encuentra a las piadosas mujeres de Jerusalén

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Camina, pues, el Señor al lugar del sacrificio con aquella carga tan pesada sobre sus hombros tan flacos, siguiéndole mucha gente y muchas piadosas mujeres, que con sus lágrimas le acompañaban. ¿Quién no había de derramar lágrimas viendo al Rey de los ángeles caminar paso a paso con aquella carga tan pesada, temblándole las rodillas, el cuerpo inclinado, los ojos bajos, el rostro ensangrentado, con aquella guirnalda en la cabeza y con aquellos tan vergonzosos clamores y pregones que daban contra él?

Oración. Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y con tu protección vivamos confiados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Canto: No adoréis a nadie, a nadie más que a Él.

 

NOVENA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Mira cómo, llegado ya el Salvador al lugar, lo desnudan de todas sus vestiduras hasta la túnica interior, que era toda tejida sin costura alguna. Mira con cuánta mansedumbre se deja desollar sin abrir la boca, ni hablar palabra contra los que así lo trataban. Y como la túnica estaba pegada por las llagas de los azotes, el santo cuerpo quedó hecho una gran llaga. Considera, pues, la grandeza de la divina bondad y misericordia que en este misterio tan claramente resplandece.

Oración. Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a tus fieles la verdadera alegría, para que quienes han sido librados de la esclavitud del pecado alcancen también la felicidad eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es clavado en la cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Considera cómo el Señor fue clavado en la cruz, y el dolor que padecería cuando aquellos clavos gruesos y esquinados entraban por el más bendito de todos los cuerpos. Mira cómo luego levantaron la cruz en alto y la fueron a hincar en un hoyo que para esto tenían hecho, y así se estremecería todo aquel santo cuerpo, que sería cosa de intolerable dolor. ¡Oh Salvador y Redentor mío! ¿Qué corazón habrá tan de piedra que no se parta de dolor? Duros fueron, ciertamente, mis pecados y tu penitencia lo declara.

Oración. Señor Jesucristo, que por la salvación de los hombres extendiste tus brazos en la cruz, haz que todas nuestras acciones te sean agradables y sirvan para manifestar al mundo tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

UNDÉCIMA ESTACIÓN: Jesús promete el reino al ladrón arrepentido

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Oh Señor, puerto seguro de la misericordia a donde, navegando por el mar de sus tribulaciones llegó el ladrón a desembocar con la nao de la cruz, que cargó de grandes mercancías y llevó a la región celestial, cuando pidiéndote posada sólo en tu memoria, se la diste en el paraíso. Pidió poco y le diste mucho. Pues si tan generoso fuiste estando penando, ¡cuánto más lo serás estando reinando!; si le oíste a él siendo infiel, ¿cómo no vas a oír al hijo de tu Iglesia, que te pide misericordia?

Oración. Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno: míranos a nosotros que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Canto: Sí me levantaré. Volveré junto a mi Padre (bis).

 

DUODÉCIMA ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Considera las siete palabras que el Señor dijo en la cruz. Mira con cuánta caridad encomendó a sus enemigos al Padre; con cuánta misericordia recibió al ladrón que le confesaba; con qué entrañas encomendó la Madre al discípulo amado; con cuánta sed y ardor mostró que deseaba la salvación de los hombres; con cuán dolorosa voz derramó su oración y pronunció su tribulación ante el acatamiento divino; cómo llevó hasta el fin tan perfectamente la obediencia del Padre, y cómo, finalmente, le encomendó su espíritu y se entregó todo en sus manos.

Oración. Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de su madre

Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos. R/Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

Considera cómo habiendo expirado ya el Salvador, llega el soldado con la lanza, y atraviesa el pecho del Señor. Y salió agua y sangre, con que se sanan los pecados del mundo. Después de esto considera cómo aquel mismo día llegaron José de Ari-matea y Nicodemo, y bajaron en brazos el cuerpo del Salvador. Cuando la Virgen vio que llegaba el sagrado cuerpo a tierra, se dispuso para darle puerto seguro en su pecho, y recibirlo de los brazos de la cruz en los suyos. Lloraban todos los presentes, y todas las criaturas acompañaban las lágrimas de la Virgen regando y lavando con lágrimas el cuerpo sagrado.

Oración. Oh Dios, que de manera admirable has manifestado tu sabiduría escondida en el escándalo de la cruz, concédenos contemplar con tal plenitud de fe la gloria de la pasión de tu Hijo, que siempre encontremos nuestra gloria en la cruz de Jesucristo. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

DÉCIMOCUARTA ESTACIÓN: Jesús es colocado en el sepulcro

Llegada la hora de la sepultura, envuelven el santo cuerpo en una sábana limpia, atan su rostro con un sudario y, puesto encima de un lecho, caminan al lugar del monumento, y allí depositan aquél precioso tesoro. El sepulcro se cubrió con una losa y el corazón de la Madre con una oscura niebla de tristeza. Allí se despide otra vez de su Hijo; allí comienza de nuevo a sentir su soledad; allí se ve ya desposeída de todo su bien; allí se le queda el corazón sepultado donde quedaba su tesoro. Pero ¿qué sentiría cuando viese ante sí a su Hijo vivo y glorioso?

Oración. Señor todopoderoso, cuyo unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Conclusión

Hemos recorrido con Jesús el camino de la cruz. Sólo es posible entenderlo como la consecuencia de una vida y de un amor más grande que el pecado y la muerte, que, por ser tal, se reserva la última palabra: la de Dios Padre que, escuchando la oración del Hijo que pone la vida en sus manos, lo resucita en la mañana de Pascua, y lo sienta a su derecha como Señor.

«Considera -dice san Pedro de Alcántara- la alegría que la santísima Virgen recibiría viendo a su Hijo resucitado; y considera la manera como se apareció a los discípulos de Emaús: en hábito de peregrino. Y ten por cierto que nunca te faltará su presencia y compañía.». Con esta certeza nos dirigimos a Dios nuestro Padre con la oración que Jesús nos enseñó.

 

Padre nuestro

Oración. Te rogamos, Señor Dios nuestro, que tu gracia nos ayude, para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Canto: Victoria, tú reinarás, oh Cruz, tú nos salvarás.